14

noviembre

LA DIABETES

La diabetes es una enfermedad crónica producida por un aumento de los niveles de glucosa en sangre, debido a que el páncreas no produce insulina o lo hace de forma incorrecta.

¿Qué es y para qué se utiliza la glucosa?

La glucosa es un azúcar que proviene de los alimentos que comemos, circula por la sangre y es utilizada por el organismo para obtener la energía necesaria para desarrollar cualquier tipo de trabajo.

Y la diabetes, ¿porqué aparece?
Por que los niveles de glucosa en la sangre están por encima de los límites normales.

Esto es debido a una alteración en la producción de la insulina, que es una hormona que se fabrica en el páncreas, y cuya función es mantener los valores adecuados de azúcar en sangre.
La insulina, permite que la glucosa de los alimentos pase al interior de las células, donde se transforma en la energía necesaria para que funcionen los músculos y los tejidos, o se almacena hasta que sea necesaria.
Cuando no hay insulina, la persona no absorbe la glucosa adecuadamente, por lo que se acumula mayor cantidad de azúcar en su sangre (hiperglucemia). Con el paso del tiempo, y si no se trata, este exceso de glucosa que circula por la sangre acaba dañando los tejidos, y a su vez causa alteraciones, disfunciones e insuficiencias a largo plazo en órganos como ojos, riñones, nervios, corazón y vasos sanguíneos.

¿Qué tipos de diabetes hay?
Existen cuatro tipos principales de diabetes:
• Diabetes tipo 1. Suele aparecer con mayor frecuencia en la infancia o la juventud, aunque es posible que se manifieste más tardíamente.
• Diabetes tipo 2. Suele aparecer en adultos, muchas veces con obesidad o hipertensión, pero cada vez se dan más casos en niños y adolescentes. En ocasiones, tarda años en diagnosticarse porque pueden no existir síntomas que alerten de este problema.
• Diabetes gestacional. Durante el embarazo puede ocurrir que los cambios hormonales propios de este estado originen un bloqueo de la función de la insulina
• Diabetes tipo LADA. Diabetes tipo 2, pero que, al mismo tiempo, presenta los anticuerpos positivos característicos del tipo 1.


¿Cuáles son sus síntomas?
Los síntomas son diferentes dependiendo del tipo de diabetes. Pero en general pueden aparecer dos tipos de síntomas:
Por un lado, cuando los niveles de azúcar están altos, el paciente tiene una sensación continua de mucha hambre y sed, y a pesar de ello, puede incluso perder peso.

También es habitual la necesidad de orinar muy a menudo y sentir un gran cansancio.

Además, en caso de unos niveles extremadamente altos de azúcar en sangre, puede aparecer la cetoacidosis diabética, que se caracteriza por una respiración profunda y rápida, aliento con olor a fruta, náuseas y vómitos, incapacidad de retener líquido y dolor de estómago. Todos estos síntomas pueden ser de gravedad y requieren ingreso hospitalario.
Así mismo, a veces puede darse la circunstancia contraria, sobre todo en pacientes en tratamiento con insulina: el azúcar está demasiado bajo en la sangre (hipoglucemia), lo que se manifiesta con temblores, sudoración, debilidad, nerviosismo, hambre, y latidos cardíacos rápidos (palpitaciones).

¿Cuál es el tratamiento más adecuado?
El objetivo principal es mantener los niveles de azúcar en sangre dentro de la normalidad, para minimizar el riesgo de complicaciones, realizando controles en su domicilio, en su centro de salud o en su farmacia.

El aumento de casos de diabetes está vinculado, al envejecimiento de la población, a los cambios en la dieta, a la disminución de la actividad física y a otros cambios en el estilo de vida más frecuentes sobre todo en países con mayor desarrollo económico.
Es fundamental establecer una nutrición adecuada, promover el autocuidado y mejorar la calidad de vida del paciente diabético.

Recomendamos:
1. Dieta.
2. Ejercicio físico.
3. Control analítico.

Si te han diagnosticado la enfermedad, te damos unos consejos para vivir con ella:

1. Aliméntate equilibradamente.

Una nutrición saludable y variada, es necesaria para el control y tratamiento de esta dolencia, pero debe ser única y personalizada para cada paciente. Los alimentos ricos en fibra como pan integral, fruta natural con piel, y verduras frescas o cocidas son muy aconsejables, pues la fibra no se digiere, y enlentece el paso de la comida a través del estómago e intestino, disminuyendo la absorción de hidratos de carbono (azúcares). Por su parte, las proteínas, que podemos encontrar en carnes, pescados, huevos, queso o leche, son necesarias para el crecimiento del cuerpo y la reparación de los tejidos. Por último, hay que moderar el consumo de grasas y prevenir la elevación del colesterol en la sangre.

2. Precaución con el azúcar.

Para una persona diabética es fundamental limitar al máximo la cantidad ingerida de azúcares simples, es decir, los que se absorben rápidamente por el intestino, lo que provoca subidas rápidas de la glucemia. Sí está permitido el consumo diario de algunos azúcares de este tipo como frutas frescas, leche o algunos derivados lácteos, mientras que otros son de consumo muy eventual: azúcares refinados, miel, dulces (caramelos, turrones…), pasteles o repostería en general.

3. Modera el consumo de alcohol.

Tanto el alcohol como el tabaco son hábitos perjudiciales para la salud, y en el caso de los diabéticos pueden provocar la aparición de complicaciones cardiovasculares, neurológicas y renales.

4. Sigue un horario de comidas lo más regular posible.

Es importante realizar las comidas siempre a la misma hora, pues contribuye a un mejor control diabético. Además, hacer 5 comidas diarias (desayuno, almuerzo, comida, merienda y cena) ayuda a mantener el equilibrio de los niveles de glucosa en sangre.

5. Vigila tu peso.

6. Realiza ejercicio físico habitualmente.

Para cualquier persona, la práctica de deporte conlleva varios beneficios: reducción del riesgo de enfermedades cardiovasculares, control del peso y la tensión arterial, mejora de la fuerza y elasticidad del cuerpo, más bienestar psíquico y menos estrés.

7. Cuidados de los pies.

Es fundamental examinarse los pies con regularidad para evitar la aparición de erosiones, infecciones y, en último término, gangrena, que puede conducir a la amputación. El cuidado de estas extremidades incluye la higiene -lavarlos diariamente con agua templada y cortarse las uñas con cuidado-; el calzado –zapatos cómodos mejor que zapatillas estrechas y calcetines que no aprieten y evitar caminar descalzos, también dentro de casa.

8. Acude a revisiones oftalmológicas periódicas.

Los pacientes diabéticos deben comprobar de manera periódica el estado de su retina con exploraciones y exámenes del fondo del ojo, con el fin de detectar de manera precoz la retinopatía diabética, que es la primera causa de ceguera en el mundo occidental.

9. Controla regularmente tus niveles de glucemia/glucosa.

Los controles analíticos realizados en cualquier momento del día aportan a los diabéticos información sobre su nivel de glucemia, lo que permite el autocontrol de la enfermedad.

10. Tratamiento farmacológico.

Conocer bien el tratamiento y cómo cumplirlo permitirá un mejor control de la diabetes.

*Esta información en ningún momento sustituye la consulta o diagnóstico de un profesional médico o farmacéutico.
Fuentes:
-Fundación para la Diabetes.
-Federación Internacional de la Diabetes.
-Clínica Universidad de Navarra.
-Asociación Americana de Diabetes.
-Estudio Di@bet.es, realizado por el Centro de Investigación Biomédica en Red de Diabetes y Enfermedades Metabólicas Asociadas (CIBERDEM), el Instituto de Salud Carlos III (Ministerio de Ciencia e Innovación), en colaboración con la Sociedad Española de Diabetes (SED) y la Federación Española de Diabéticos (FED).
-Departamento Médico de Laboratorios Cinfa.

- Farmacia Ros Usó, ,

0 COMENTARIO

ENVIAR RESPUESTA

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *